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Amanda de 44 años nos cuenta su intensa vida sexual

Tengo unos 40 años. Estoy divorciada de un marido con el que me he estuve casado. Fue una elección, o al menos una consecuencia: ya no estaba enamorada de él, y ya no lo quería. En los dos últimos años de nuestro matrimonio, que duró 15 años, sólo hicimos el amor dos veces.

Lo que fue sorprendente, lo cual no entendí realmente, fue que ya no sentía ningún deseo sexual por ningún hombre. Mi libido no había desaparecido. Estaba enterrada. Lo entendí cuando conocí a Antonio, que se convirtió en mi amante mientras yo estaba pasando por un divorcio.

Conocí a Antonio en una fiesta. Era un gatillo. Tenía una fuerte vibración, imponía respeto. Me sentí admirado por él y eso despertó algo en mí. Empezamos a vernos y mi deseo resurgió. Incluso sentí la necesidad de hacer el amor y estos impulsos me tranquilizaron. Antonio me llevó suavemente al campo del sexo.

Como cualquiera de las mujeres maduras separadas, redescubrí mi cuerpo extinto desde hace tanto tiempo. Me lo apropié de nuevo, asumí mis deseos y el placer sexual. Es como si, privado durante demasiado tiempo, me hubiera reconectado conmigo mismo… pero mil veces. Porque antes de él, con mi marido, tenía una sexualidad muy ordinaria, incluso de mal gusto.

Con Antonio, nuestra historia duró un año y medio. Y me encontré con Jonathan, con quien sigo estando. Tal vez podría haberme despertado a mí también, pero para mí, Antonio fue un hito en mi vida sexual. El encuentro adecuado, el que me permitió conocerme mejor y abrirme a Jonathan, con quien empezamos una relación abierta. Somos libertinos, no queremos encerrarnos.

Por el contrario, buscamos explorar nuestra sexualidad. Lo necesitamos, fuera de nuestra pareja o junto con otros. Tengo amantes regulares y amantes ocasionales entre semana. Y ve a otras mujeres, muy frecuentemente. Salimos a clubes y saunas, somos swingers y nos gusta el sexo en grupo.

Me gusta los trios y las mujeres

Hombres, mujeres. Soy bisexual. También me gusta verlo tomar otras mujeres, le gusta verme con otras mujeres. Nos gustan estos momentos de gran complicidad y de compartir. Esto no es un problema para nuestra pareja, porque no somos ni exclusivos ni celosos.

Nos gusta jugar y jugamos juegos de adultos. Sólo por diversión. No es más complicado que eso. Una vez que hayas superado las normas y tabúes de la sociedad, podrás vivir tu vida sexual al máximo. No somos prisioneros de nuestros deseos, sino al contrario, somos totalmente libres de realizarnos.

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